miércoles, 21 de octubre de 2020

Lo que la pandemia enseña (III): "La enseñanza digital y la responsabilidad individual"

Hola a todos los asistentes:

La pandemia no termina de remitir y no cesa en su milagrosa obra educativa. Nos enseñó los beneficios de la enseñanza digital frente a los de la enseñanza tradicional, así como que el acercamiento entre pares e hijos a consecuencia del confinamiento, ha permitido a los progenitores conocer mejor a su prole. Al menos, insisto, les ha dado la oportunidad.

Otra de las cosas que parece enseñarnos es la estrecha relación entre la enseñanza digital y la responsabilidad individual. Sí, cierto, todos conocemos el valor de la responsabilidad individual, no necesitamos un virus para saber que somos los únicos responsables de lo que hacemos, decimos, y elegimos; pero una cosa es saberlo y otra muy distinta es asumirlo y ponerlo en práctica.

A lo largo de estos meses he visto todo tipo de alumnos: responsables, que hacían todas sus tareas, se conectaban a tiempo, no se saltaban clases, preparaban sus materiales y se tomaban muy en serio cada clase; también los he tenido que a veces se conectaban y a veces no, que se quedaban dormidos y se les olvidaba que tenían que asistir a clase; también los había que se conectaban pero se dedicaban a otros menesteres en cuanto veían la oportunidad de apagar el micrófono, la cámara o la atención; por supuesto, he conocido alumnos a los que les importaba muy poco los problemas técnicos y los informáticos; así como aquellos que pensaban que los profesores eran, cómo decirlo, sus chachas, prolongaciones de sus padres.

Con la educación a distancia, sin embargo, el alumno es responsable de lo que hace, de lo que copia, de lo que trampea, de la gestión de su tiempo; de sus asuntos. El profesor, aunque debe estar atento, revisar y evaluar el trabajo y la evolución del alumno, queda liberado por completo de la enorme carga del cuidado del hijo ajeno. Ahora es el momento: o el alumno está preparado para afrontar la vida y sus responsabilidades, o no cabe excusa posible. Ya no valen los "el profesor me tiene manía" ni los "es que el profesor no me explica". No.

Ahora, lejos del entorno privadísimo de la casa propia o de la casa del profesor, o de un centro escolar o de una academia, o de cualquier otro lugar donde se impartan clases, los padres tienen la oportunidad de observar si sus hijos cumplen, o no, con sus obligaciones. Ya no caben las mentiras, ya no cabe escaquearse. Ya sólo queda trabajar y aprovechar el tiempo. Porque es vuestra responsabilidad, queridos alumnos, el trabajar. Ahora el profesor no puede estar sobre vosotros, protegiéndoos; tampoco vuestros padres. Ahora sois vosotros frente a la máquina, que es vuestra mejor herramienta, y vuestro tiempo.

Y digo esto porque en no pocas ocasiones los padres esperan que los profesores eduquen en el valor de la responsabilidad a sus hijos, los presionan o les piden que estén pendientes de su descendencia; y sí, mal iría un profesor desentendido de sus pupilos, pero se ha producido una inversión de roles que no es nada positiva. Por doquier observo padres explicando a los hijos los temas y tareas escolares, y a profesores haciendo de niñeras con los más pequeños. No está bien, no.

Gracias a la digitalización, el acceso al profesor y sus explicaciones es más rápido y efectivo que nunca, basta un correo o un mensaje; esa es la circunstancia, la ventaja, que los alumnos responsables aprovechan. Gracias a la digitalización, los padres y los hijos pueden pasar más tiempo juntos y crear lazos más fuertes, y los padres pueden dedicar mayor tiempo a la educación de sus hijos; esa el la responsabilidad que muchos temen.

Aprovechemos los recursos disponibles, aprovechemos las circunstancias, aprovechemos para reparar aquello que la rapidez del mundo ha impuesto. De nuestro lado están la tecnología y la voluntad de ser mejores; frente a nosotros, la desidia y la irresponsabilidad.

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